Oración a San Ignacio de Loyola (Oraciones para Diferentes Intenciones)

La vida espiritual es un campo de batalla. Pero la lucha más importante no es contra enemigos externos, sino la que se libra en el interior de nuestra propia alma: la batalla por la claridad, el propósito y la voluntad de seguir a Dios. San Ignacio de Loyola, el soldado que una bala de cañón transformó en el general de Cristo, nos dejó el manual de entrenamiento de élite para esta contienda: los Ejercicios Espirituales.
Este santuario no es un hospital de campaña para curar heridas; es el gimnasio del alma, el campo de entrenamiento donde forjamos un espíritu disciplinado y un corazón ordenado. Como tus "Maestros de Ejercicios", no te ofreceremos consuelo pasivo, sino las herramientas del discernimiento ignaciano. Te enseñaremos a distinguir la voz de Dios del ruido del mundo y a tomar cada decisión, grande o pequeña, "a la mayor gloria de Dios".
¿Quién fue San Ignacio de Loyola? (Del Campo de Batalla a la Gloria de Dios)
Íñigo López de Loyola nació en 1491 en el seno de una familia noble vasca. Su juventud fue la de un soldado y cortesano: vanidoso, valiente y con un "grande y vano deseo de ganar honra". Su mundo se vino abajo en mayo de 1521, durante la defensa de Pamplona. Una bala de cañón le destrozó una pierna y le hirió la otra, poniendo fin a su carrera militar y postrándolo en una larga y dolorosa convalecencia.

En su lecho de dolor, para pasar el tiempo, pidió sus amados libros de caballerías, pero en el castillo solo encontraron dos textos: una vida de Cristo y una colección de vidas de santos. La lectura, al principio a regañadiente, comenzó a obrar una transformación radical. Se dio cuenta de que los placeres del mundo lo dejaban con un vacío, mientras que pensar en imitar las hazañas de los santos por Cristo lo llenaba de una paz profunda y duradera. Esa fue su primera lección de discernimiento.
Tras su recuperación, el soldado de un rey terrenal se convirtió en un peregrino del Rey del Cielo. Pasó un año de intensa oración y penitencia en una cueva de Manresa, donde sentó las bases de sus famosos Ejercicios Espirituales. Comprendió que su misión no era solo su propia conversión, sino la de ayudar a otras almas. Estudió teología en París, donde reunió a sus primeros compañeros, entre ellos San Francisco Javier. Juntos fundaron la Compañía de Jesús (los Jesuitas), una orden de "soldados de Cristo" al servicio directo del Papa para la defensa y propagación de la fe.
La Oración de Entrega Total: "Tomad, Señor, y recibid"

Esta oración, conocida como el Suscipe en latín, no es una petición, es una declaración. Es la oración del soldado que entrega todas sus armas y toda su voluntad a su General. Es la culminación y el resumen perfecto de los Ejercicios Espirituales: un acto de total abandono y confianza en Dios.
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer.
Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.
Todo es tuyo. Dispón de todo según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta. Amén.
El Arsenal Ignaciano: Oraciones para la Batalla Interior

San Ignacio y la tradición jesuita nos han legado un verdadero arsenal de oraciones para fortalecer el espíritu, clarificar la mente y proteger el alma en cada circunstancia de la vida.
Para conformar nuestra voluntad con la de Dios.
Oración por la Generosidad
Señor, enséñame a ser generoso. Enséñame a servirte como te mereces; a dar, y no contar el costo, a luchar, y no prestar atención a las heridas, a esforzarme, y no buscar descanso, a trabajar, y no pedir recompensa, excepto la de saber que estamos haciendo tu voluntad.
Oración «Recibe» (Versión Alternativa)
Toma, Señor, recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, toda mi voluntad, todo lo que tengo y todo lo que poseo. Tú me lo diste todo, Señor; yo te lo devuelvo todo. Haz con él lo que quieras, según te plazca. Dame tu amor y tu gracia; porque con esto tengo todo lo que necesito.
Oración para rezar en todo momento
Ayúdame a clarificar mis intenciones, purifica mis sentimientos, santifica mis pensamientos y bendice mis esfuerzos, para que todo en mi vida sea de acuerdo a tu voluntad. Tengo tantos deseos contradictorios… Me preocupo por cosas que ni importan ni son duraderas. Pero sé que si te entrego mi corazón, haga lo que haga seguiré a mi nuevo corazón. En todo lo que hoy soy, en todo lo que intente hacer, en mis encuentros, reflexiones, incluso en las frustraciones y fallos, y sobre todo en este rato de oración, en todo ello, haz que ponga mi vida en tus manos. Señor, soy todo tuyo. Haz de mí lo que Tú quieras. Amén.
Señor, Tú me conoces
Señor, Tú me conoces mejor de lo que yo me conozco a mí mismo. Tu Espíritu empapa todos los momentos de mi vida. Gracias por tu gracia y por tu amor que derramas sobre mí. Gracias por tu constante y suave invitación a que te deje entrar en mi vida. Perdóname por las veces que he rehusado tu invitación, y me he encerrado lejos de tu amor. Ayúdame a que en este día venidero reconozca tu presencia en mi vida, para que me abra a Ti. Para que Tú obres en mí, para tu mayor gloria. Amén.
Oración ‘Alma de Cristo’
(Nota: Aunque no fue escrita por San Ignacio, esta era una de sus oraciones predilectas, y la recomendaba fervientemente en sus Ejercicios Espirituales).
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe, por los siglos de los siglos. Amén.
Para fortalecer el alma contra las acechanzas del mal.
Oración contra el demonio
San Ignacio de Loyola, poderoso intercesor ante Dios, te invoco en este momento para pedir tu protección contra el demonio. Con tu valentía y sabiduría, expulsa de mi vida toda influencia maligna, aleja de mí las tentaciones y fortalece mi espíritu para resistir al mal. Oh glorioso San Ignacio, tú que venciste al demonio con tu fe inquebrantable, te ruego que me concedas la gracia de estar siempre bajo tu amparo. Confiado en tu poderosa intercesión, te pido que me libres de todo peligro y me guíes por el camino de la virtud. Amén.
Oración de protección contra el mal
Querido San Ignacio de Loyola, pido tu intercesión para contar con tu protección contra todo mal. Creo en Dios todopoderoso y en su hijo Jesús, que dio su vida por mí en la cruz, venciendo todo principado y potestad de las tinieblas. Guíanos con esa fuerza espiritual, San Ignacio. La lucha no es contra carne y sangre, sino contra espíritus malignos. Por lo tanto, confío que tengo tu cuidado y tu protección, soy hijo de Dios; caerán a mi lado mil, y diez mil a mi diestra, mas a mí no llegará mal alguno. Estoy cubierto con la sangre del cordero. Amén.
Oración para alejar personas de tu vida
San Ignacio de Loyola, no existe montaña que se me oponga, ni mal que me oprima, tampoco dificultad que me detenga. Confío que estoy bajo la voluntad del Padre, buena, agradable y perfecta para mí. El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Gracias, Padre, porque estoy libre de todo mal, el enemigo no puede tocarme, no toca mi familia ni mis finanzas, está atado y sin autoridad en mi vida, en el poderosísimo nombre de Jesús. Amén.
Oraciones Generales de Intercesión
Oración I ¡Glorioso San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús y especial abogado y protector mío! Ya que tan elevado estáis en el Cielo, alcánzame de la divina piedad, por los méritos infinitos de Jesucristo, e intercesión de su gloriosa Madre, entero perdón de mis culpas, auxilio eficaz para amar a Dios y servirle con todo empeño, firmeza y constancia en el camino de la virtud, y la dicha de morir en su amistad y gracia. Amén.
Oración II Santísimo padre San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús; escogido entre millares para dilatar la gloria de Dios; varón eminentísimo en toda clase de virtudes, me gozo, amado Padre mío, de verte enriquecido con tantas prerrogativas, y te suplico alcances a todos tus hijos aquel espíritu que te animaba, y a mí una intención tan recta, que hasta en las menores cosas busque puramente la gloria divina. Amén.
El Arsenal del Discernimiento (Herramientas Ignacianas)
Breve Introducción a los Ejercicios Espirituales
Los Ejercicios Espirituales son el núcleo del legado de San Ignacio. No son un libro para leer, sino un manual para "hacer". Se trata de una serie de meditaciones, oraciones y exámenes de conciencia, generalmente realizados durante un período de retiro. Su propósito es ordenar la vida, limpiar el alma de los "afectos desordenados" y, sobre todo, discernir la voluntad de Dios para la propia vida.
Las Reglas del Discernimiento de Espíritus (Resumen para Principiantes)
San Ignacio fue un maestro en analizar los movimientos interiores del alma. Nos enseñó a distinguir entre dos estados:
- La Consolación Espiritual: Es todo aquello que nos acerca a Dios. No es solo alegría, sino también paz, fe, esperanza y amor. Es la voz de Dios que nos anima.
- La Desolación Espiritual: Es todo lo que nos aleja de Dios. Es la oscuridad, la confusión, la tentación, la ansiedad y la falta de fe. Es el ruido del enemigo que busca desanimarnos.
La regla de oro de San Ignacio: En tiempo de desolación, nunca hacer cambio. Es decir, no tomes decisiones importantes cuando te sientas confundido o ansioso. Espera a que la luz de la consolación regrese para tomar un rumbo.
Novena a San Ignacio de Loyola
¿Cómo Rezar la Novena?
Sigue estos pasos cada uno de los nueve días:
- Comienza con la Señal de la Cruz.
- Continúa con las oraciones comunes: el Acto de Contrición y la Oración Preparatoria.
- Despliega la pestaña del día que corresponda y reza la oración diaria.
- A continuación, reza tres Padrenuestros y tres Avemarías.
- Haz tu petición personal.
- Concluye el rezo del día con la Oración Final.
- Termina con la Señal de la Cruz.
Oraciones Comunes (Para cada día)
Señal de la Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Oración Preparatoria
Gloriosísimo Padre y Patriarca san Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús y Padre amantísimo: si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma que yo consiga la gracia que os pido en esta novena, alcanzadla del Señor; y si no, ordenad mi petición con todos mis pensamientos, palabras y obras a lo que fue siempre el blasón de vuestras heroicas empresas: a mayor gloria de Dios.
Oración Final
Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu nombre, has fortalecido por medio de san Ignacio a la Iglesia militante con un nuevo auxilio: alcánzanos que con su ayuda y a imitación suya peleemos en la tierra hasta conseguir ser coronados con él en el cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oraciones Diarias
Jesús mío dulcísimo, que nos revelaste los misterios sagrados de vuestra fe; os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente los de su iluminada fe, con la cual creería cuantos misterios están escritos en las santas Escrituras, aunque se perdiesen todos los libros sagrados. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me deis una fe vivísima de vuestros divinos misterios que me ilustre para creerlos y estimarlos como verdadero hijo de la santa Iglesia con fervorosas obras de perfecto cristiano y me concedáis la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que prometisteis a vuestros siervos tendrían en vuestra esperanza todos los tesoros del mundo: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente aquella firmísima esperanza que le sirvió de tesoro inagotable en su pobreza, de áncora segura en las tormentas y de una gloria anticipada. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis una esperanza segura de salvarme, afianzada en las buenas obras hechas con vuestra gracia y revestidas de vuestros méritos y promesas; y también de conseguir los bienes de esta vida conducentes a mi eterna salvación, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que nos intimasteis como máximo precepto amar a nuestro Dios con todo el corazón: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente aquel inflamadísimo amor con el cual, abrasado en un serafín humano, respiraba sólo llamas de amor divino, refiriendo todo a la mayor gloria de Dios. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis una centella de ese fuego sagrado de mi seráfico padre san Ignacio, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que nos recomendasteis la caridad y el amor a los prójimos como el distintivo de vuestra escuela: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente aquella ardentísima caridad con que deseaba encender en el fuego del divino amor a todos los hombres del mundo. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis una caridad inflamada, con la cual, a imitación de mi padre san Ignacio, trabaje continuamente en el bien y salvación de mis prójimos con mis palabras y ejemplos, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que nos encomendasteis la paciencia en los trabajos como la senda de la perfección: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente los de aquella paciencia invicta con que sufrió desprecios, calumnias y cadenas, diciendo no tener el mundo tantos grillos como deseaba padecer por Jesús. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, fortalezcáis la fragilidad de mi espíritu, para que con invencible paciencia resista los trabajos, penas y angustias de esta miserable vida, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que con el ejemplo y las palabras nos enseñasteis el continuo ejercicio de la oración: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente los de aquella continua y perfectísima oración con que vivió entre los ángeles mientras moraba entre los hombres. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis el don de la oración perfecta en aquel grado que me conviene para mi salvación y para llevar a otros muchos a la gloria, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que con vuestra vida y pasión nos inspirasteis una vida austera y mortificada: os ofrezco los merecimientos de mi padre san Ignacio, y singularmente los de su espantosa penitencia, con la cual venció todas sus pasiones. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis una mortificación interior y exterior tan perfecta que sujete todas mis pasiones y apetitos a la gracia, y mi cuerpo obedezca a las leyes de una castidad evangélica; y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que obedecisteis hasta morir en la cruz: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y singularmente los de su heroica obediencia con que obedeció a todos sus superiores, especialmente al Sumo Pontífice. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis una perfectísima obediencia a todos mis superiores, continuada todos los instantes de mi vida, y perfecta en la ejecución, en la voluntad y en el entendimiento, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
Jesús mío dulcísimo, que al morir nos encomendasteis a vuestra Santísima Madre: os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre san Ignacio, y los que atesoró con la cordialísima devoción que profesaba a María Santísima, a quien escogió por Madre. Os suplico, Padre amantísimo de mi alma, me concedáis una sólida y cordial devoción para con María Santísima, vuestra Madre, aquella devoción que es señal cierta de predestinados; que yo sirva a esta Señora con los obsequios del más fiel hijo, y la gracia que os pido en esta novena. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías, haz tu petición y concluye con la Oración Final.
El Campo de Entrenamiento (Preguntas Frecuentes)
A.M.D.G: ¿Qué significa "Ad Maiorem Dei Gloriam"? Es el lema en latín de la Compañía de Jesús y significa "A la mayor gloria de Dios". Es el principio fundamental de la espiritualidad ignaciana. Implica que el criterio final para cualquier decisión, acción o pensamiento debe ser si glorifica a Dios. No se trata de buscar el bien, sino el mayor bien, la mayor gloria para Dios.
¿Qué son los Jesuitas? Los Jesuitas son los miembros de la Compañía de Jesús, la orden religiosa católica fundada por San Ignacio de Loyola. Son conocidos por su rigurosa formación intelectual y espiritual, su obediencia especial al Papa y su trabajo en la educación, la teología, la justicia social y las misiones.
¿San Ignacio es el patrono de los soldados? Sí, es uno de los patronos de los soldados, junto con otros como San Miguel Arcángel. También es el patrono de los retiros y ejercicios espirituales, y de las regiones de Guipúzcoa y Vizcaya en España.
¿Cuándo es el día de San Ignacio de Loyola? La fiesta de San Ignacio de Loyola se celebra cada 31 de julio, fecha de su muerte en Roma.
El Consejo de Guerra Espiritual (Deja tu Petición de Discernimiento)
La batalla interior no se lucha en soledad. Comparte aquí la encrucijada en la que te encuentras, la decisión difícil que enfrentas. Pide la intercesión de San Ignacio y únete en oración por la claridad y la fortaleza de los demás miembros de esta comunidad.
A la Mayor Gloria de Dios
Has entrado en el gimnasio del alma y has recibido las herramientas del Maestro. Que la lógica del soldado y la fe del santo te guíen en todas tus batallas interiores. No temas a la confusión ni a la indecisión. Usa las armas del discernimiento, entrega tu voluntad y confía. Que cada elección que hagas, grande o pequeña, sea siempre para la mayor gloria de Dios.
Si este manual de entrenamiento te ha equipado para la lucha, compártelo. Podrías estar entregando el mapa a otra alma que busca su camino en el campo de batalla de la vida.
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